lunes, 9 de octubre de 2017

Poesía junto al Paraná

Mi crónica del 25° Festival Internacional de Poesía de Rosario publicada en Periódico Pausa: www.pausa.com.ar/2017/10/poesia-junto-al-parana.



Una tarde | Raymond Carver

Una publicación compartida de Agustina Lescano (@agu.les) el

Figurita repetida


Qué pasa cuando le pones
me gusta a esta foto
me querés decir algo
que estoy linda, me ves bien
y te das cuenta que a lo lejos crece
desde la raíz el deseo que se secó
o pasabas nomás por acá
y dejas la marca porque así son
ustedes, perros con su territorio.
Ahora que vuelvo a estar soltera paso
más tiempo en la compu que antes
se me secan los ojos
y los hombros caen para adelante pero
esperen, qué forma ridícula de decirlo
ahora que estoy soltera
soltera porque solté, será
justo yo que siempre me amarré
a las cosas hasta el ahogo y más
pensando que se puede, una brazada
otra brazada, y no
me quedo sola bajando por la pantalla
martes a la noche y estamos todos en la cama
la comida, los papeles, la gata.
Oh, divino algoritmo
cristo de las redes
cómo hago para olvidar.
A mí me gusta verlo todo pero no sé elegir
lo que quiero saber y lo que prefiero ignorar
soltá tu pelo con Wellapon
había escrito la Negra
con fibra de su mismo color
en el vidrio de la ventana
welly, welly, welly, well
pongamos un cambio de decisión
mis amigos crecen y evolucionan
hacia el fitness, en cambio yo
tengo cada vez más vicios
y me doy cuenta que algo en mi cabeza
no evoluciona sino que vuelve a aparecer
cada vez que me encuentro a gusto, sola
y vivo las noches con intensidad
salir a bailar, triunfar si logro
no perder la campera y pensar
qué están bailando de la avenida para allá
quiero escribir sobre eso y me ordeno
primero terminá de trabajar así te pagan
y después un tiempo para concentrar
la hoja en blanco, la compu un mundo
la figurita
repetida.

Miralo al lapacho blanco


ilumina la cuadra
desde el patio
del Colegio Nacional.
Si doblás en la esquina
y caminás, ves primero
la pintada que reza
con ese magnetismo
que sigue bajando
y en la mitad
de la vereda
las flores que brillan
como si soltaran el humo
después de haber fumado
durante todo el día.
Claro, ahí era antes
el Cementerio Municipal
en pleno centro
en cambio ahora
pusieron a los muertos
en el oeste
donde corresponde
por donde entró el agua
y se caen los panteones.
Mientras, el lapacho
florece con luz blanca
y marca el camino
mucho mejor que
un faro viejo.

Vuelvo a casa cuando amanece


y me quedo siguiendo la noche
en el patio.
Dos toallas tendidas
para secarse entre dos sillas
están abiertas al sereno de la madrugada
y esperan, húmedas, la mañana.
Las plantas, todas en un verde oscuro
me piden un poco más
una lluvia de manguera
o del cielo.
La gata baja del techo, se mete en mi cama
a dormir con toda
la frescura de las sábanas.
Abro la heladera, saco hielo

los dedos me quedan fríos
no los siento cuando los miro
era lo que necesitaba

y me como y me lastimo
donde termina la uña
y empieza la piel.
Pienso en mis amigos
que están lejos
en los novios que tuve
hasta no hace tanto tiempo
espero que todos estén bien
no sé si logro comunicarlo.
El teléfono está sin batería
igual no debería
escribir a esta hora.
Quiero ordenar las macetas pero dejá nomás
está todo enredado
ramas, cables, yuyos
tiro de un lado
y se hace un nudo del otro.
No anda nada y no sé
si quedarme o irme
ni la gata ni las plantas
me sostienen
y yo tampoco quiero
molestarlas.
Me voy a sentar en el piso a comer fruta
si alguien me espía
desde el pasillo
con el ojo metido en la cerradura
va a ver mis rodillas contra mi pecho
y la mano cargando un bocado
rojo hasta la boca seca.

Publicado en el Fanzine Chochan n° 6.


viernes, 1 de septiembre de 2017

La misma

Yo no tengo la culpa
de que esta ciudad siga
siendo la misma
mientras nosotros subimos en autos
viajamos en colectivo
caminamos, entramos y salimos
de las casas de nuestros amigos
de las nuestras, nos desnudamos
dormimos, hacemos trabajos
y tenemos reuniones en lugares
que no conocíamos y ahora son
uno más en donde
nos olvidamos cosas
prestamos libros, estamos horas cocinando.

Los dos más o menos lo mismo
sólo que sin ninguna relación
entre los dos recorridos
y así la ciudad es un plano
en el que marcamos nuestros trayectos
con dos colores que nunca se cruzan.

Aunque la calle que va para tu casa
siga exactamente en el mismo lugar
y yo la use ahora para otras cosas
o más bien intente cruzar rápido
cuando paso por ahí.
Yo no tengo la culpa
pero no sé quién
y me enojo con cualquiera
que pueda saber qué pasa
y no me lo haya dicho.


jueves, 31 de agosto de 2017

Epigrama | Laura Wittner

Dijiste algo y entendí mal.
Los dos reímos:
yo de lo que entendí,
vos de que yo festejara
semejante cosa que
habías dicho.
Como en la infancia,
fuimos felices por error.

Laura Wittner

Modelaje


Dos bombuchas metidas en el corpiño de la malla
armaban el escote en los desfiles
que hacíamos al lado de la canilla del patio
sobre la pasarela diminuta
que nos dejaban los chicos
jugando al fútbol.
El estilo pasaba
por la combinación de colores
y a la que se le pinchaba una teta
la aplaudían, empapada.
Yo, que no iba a tener nunca
esa delantera
ni todo lo demás
practicaba para no hacerme
tanto problema.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Vuelvo a casa cuando amanece


y me quedo siguiendo la noche
en el patio.
Dos toallas tendidas
para secarse entre dos sillas
están abiertas al sereno de la madrugada
y esperan, húmedas, la mañana.
Las plantas, todas en un verde oscuro
me piden un poco más
una lluvia de manguera
o del cielo.
La gata baja del techo, se mete en mi cama
a dormir con toda
la frescura de las sábanas.
Abro la heladera, saco hielo

los dedos me quedan fríos
no los siento cuando los miro
era lo que necesitaba

y me como y me lastimo
donde termina la uña
y empieza la piel.
Pienso en mis amigos
que están lejos
en los novios que tuve
hasta no hace tanto tiempo
espero que todos estén bien
no sé si logro comunicarlo.
El teléfono está sin batería
igual no debería
escribir a esta hora.
Quiero ordenar las macetas pero dejá nomás
está todo enredado
ramas, cables, yuyos
tiro de un lado
y se hace un nudo del otro.
No anda nada y no sé
si quedarme o irme
ni la gata ni las plantas
me sostienen
y yo tampoco quiero
molestarlas.
Me voy a sentar en el piso a comer fruta
si alguien me espía
desde el pasillo
con el ojo metido en la cerradura
va a ver mis rodillas contra mi pecho
y la mano cargando un bocado
rojo hasta la boca seca.

jueves, 9 de febrero de 2017

Poemas de Elena Anníbali

tabaco mariposa

aprendí a fumar con rubén
enrrollando tabaco mariposa en papel
de seda

lo hacíamos de noche
sentados en un escalón de la casilla
mientras a nuestros pies
sus lánguidos perros soñaban
con la sangre dulce de las liebres
en el monte cercano

a veces todo era oscuridad, salvo
su cara
iluminada brevemente por el fuego
como un animal
por los relámpagos

el día que se fue del pueblo
me dejó su radio
y los jabones partidos
que yo usaba pasándomelos
despacio
por el cuerpo

con la última espuma disuelta en el agua
se fue, también, la memoria
y el deseo de él
una cosa fragante
y sutil
como los eucaliptos
cuando los moja la niebla



la creciente

esa noche llegó la creciente y trajo
muebles viejos, mugre
de los canales vecinos
botellas
víboras

se va a llevar todo, dijo
mi madre
y me imaginé los huesitos de enzo
flotando en la corriente, al lado
de los canteros de verdura
me imaginé su ropa última
roída por las polillas y la fiebre
sus uñas crecidas
las hebritas de pelo rubio
entre los alambres del portón

entonces me apuré a encender el sol
de noche en la cocina
a tapar la puerta con las bolsas de arena
esperando que la muerte no pasara
que siguiera el curso del agua
hacia el naciente
donde las tierras son bajas
y crece el aleppo
y la enredadera azul

De Tabaco mariposa (Caballo Negro, 2009)